¿Crees que sea coincidencia?

El otro día, sentado en el parque junto a mi mejor amigo. Hablábamos de cómo los padres de la patria, a nuestra edad, y algunos más jóvenes, lograron hazañas como la independencia. A sus veintitantos años ya habían logrado algo que cambió el curso de la historia, hicieron el presente suyo y construyeron un futuro del cual somos parte hoy como miembros de una sociedad “libre”.

De igual modo, la generación de nuestros abuelos, vivió grandes luchas e incluso una guerra, todo eso, para que nosotros hoy no tengamos que luchar nunca más, o por lo menos, no de la forma tan violenta en la que tuvieron que luchar ellos.

Nosotros en cambio, vivimos en una época más pacífica, no es una época tranquila, pero no se compara con aquellos tiempos donde literalmente marchaban soldados en las calles dispuestos a matar a quien sea que pudiera representar una amenaza ideológica contra el poder establecido.

El simple hecho de poder publicar esto, es muestra de un gran avance en cuanto a las libertades individuales. Pero para ser objetivos y escapando de la burbuja del positivismo que caracteriza a un gran segmento de la sociedad, demasiado influenciada por la cultura del emprendimiento y la “superación” personal. No estamos viviendo los tiempos que soñaron ver quienes fundaron nuestra nación.

Si en algo no hemos avanzado, sino, que podríamos decir que estamos peor que en los tiempos de la independencia, es que los jóvenes hoy en día no somos más que un símbolo de culto para los medios y una excusa barata para quienes nos gobiernan. Los medios hablan con cierto orgullo de jóvenes que logran cosas grandiosas a pesar de su edad, se presenta a Silicon Valley como ese edén donde los jóvenes van a construir el porvenir y sobre todo a hacerse “ricos”.

Por el otro lado, a nivel social, entonces los jóvenes somos la encarnación misma de la decadencia, de los antivalores, somos la representación máxima de todo lo que anda mal. Todo esto dicho por la generación que nos crió, o por lo menos que debió hacerlo si no hubiesen estado tan ocupados detrás de… dinero.

Pero, ¿qué hace esta misma sociedad que idolatra o rechaza a la juventud cuando los jóvenes quieren tomar participación y cambiar el curso de la historia?

A diferencia de los tiempos vividos por nuestros patricios, hoy en día, ya sea que nos amen o nos odien, si queremos formar parte, si queremos alterar la forma en la que se hacen las cosas, entonces seremos apartados. “Eres demasiado jóven para entender”, “Cuando yo era joven pensaba igual”, “a tu edad uno nos sabe lo que quiere” y toda esa mierda para justificar que a pesar de la opinión que se tenga ante la juventud, quienes nos gobiernan en cualquier dimensión personal; están acojonados de perder el control, de ver en vida cambios que no son exactamente los que quieren ver, tienen bastante miedo de que en algún momento ya no tengan el más mínimo poder de opinión o poder de elección ante cualquier circunstancia.

Más bien, podría decir que tienen miedo de intercambiar papeles, de que en un punto sean ellos los que estén atados de pies y manos como los jóvenes hoy en día.

Innegablemente, aunque no lo parezca y sin caer en un tono conspirativo, los jóvenes estamos viviendo en tiempos de guerra. No de guerras armadas, por lo menos en América, pero sí tiempos de guerra ideológica, política y legal para quienes queremos cambiar la forma en la que se han estado haciendo las cosas en las últimas décadas.

La máquina, como me gusta decirle cuando estoy apasionado, ese poder que conforma el estado, los bancos, la industria, los medios, etc… esa maquinaria pesada que cuando trabaja en armonía detrás de un objetivo común, tiene el poder de alterar la realidad misma. Esa misma maquinaria, sin ningún atisbo de discreción o sutileza, nos ataca a diario por cada frente posible, no solo a quienes estamos en la lucha, sino a todo el que tenga el potencial de formar parte de ella.

Mientras menos adeptos a las causas sociales tengamos hoy, más tiempo tardará en llegar el mañana. El objetivo no es evitar que luchemos ya que toda causa contraria puede ser usada a favor, sino que nuestra causa nunca termine de coger fuerza para así poder combatir sin tener que llegar a medidas mayores que las que se toman hoy en día gracias a la globalización y al libre acceso a la información a través de la red.

¿Crees que sea coincidencia?

En los años sesenta, a pesar de la falta de oportunidades, los estudiantes tenían ambición, tenían sueños que los superaban a ellos mismos. En el mundo hubo revoluciones que cambiaron de manera radical las cosas. Una revolución logró traer la igualdad de derechos ante la segregación racial en los Estados Unidos, una revolución, para bien o para mal, trajo cambios políticos y sociales en Cuba, tuvimos un cambio radical en todos los sentidos en la República Dominicana y así por toda Latinoamérica. Era como si hubiesen prendido a la maquinaria en llamas, y así fue.

Lamentablemente, el poder de estas personas no viene por coincidencia, hay que reconocer que tienen una capacidad extraordinaria y una voluntad terrible que puede salir adelante ante cualquier circunstancia, y eventualmente, consiguieron controlar todo de vuelta. Vuelven a callar las voces, esta vez no con miedo, sino por promover el desinterés.

La maquinaria sembró en nosotros la desesperanza, una terrible imagen sobre el futuro, un excesivo culto al presente, al aquí y ahora sin importar las consecuencias. Como el pájaro sigue soñando con volar aunque le hayan cortado las alas, esta vez lo hicieron más fácil y más preciso. Nos cortaron la voluntad.

No como una rebuscada teoría de la conspiración, sino como un ejemplo de cómo esta visión impuesta de la decadencia llegó incluso a influenciar la propia creatividad. Tenemos como ejemplo la manera en la que la generación de los sesenta veía el futuro a través del Atompunk y como este, veinte años después, cambia su enfoque de manera radical a través del Cassettepunk y el actual Cyberpunk.

De imaginar una sociedad futurista en la que los seres humanos ya hemos superado todas esas barreras políticas y sociales a través de la tecnología para vivir de manera plena en utópicas ciudades por encima de las nubes, pasamos a fantasear con un futuro sobrepoblado, carente de recursos y con una naturaleza extinta o casi extinta en el menos radical de los casos.

Vivimos en el auge de las historias distópicas donde los seres humanos nos hemos cargado todo el planeta, donde la tecnología se nos ha venido en contra y tenemos que sobrevivir en la miseria. Cambiamos a Robotina por Skynet y hoy en día hay más esfuerzo por extender historias como Matrix, Mad Max y Blade Runner que por traer de vuelta esa visión esperanzadora de Star Trek y Los Supersónicos.

¿Crees que sea coincidencia?, puede que lo sea, pero me cuesta demasiado creerlo.

Hay que tomar en cuenta que para hacer frente la máquina, la revolución comienza en nosotros mismos, la introspección y un análisis crítico de la realidad es lo que puede devolvernos una visión de cambio y una voluntad de ser arquitectos del futuro. No simples víctimas de este cuando llegue. Romper con el poder establecido para emprender nuestros propio camino, entiendo que es la gran lucha que tenemos por delante.

¿Qué dices? ¿Qué quieres ser parte?

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