Para llegar mucho más lejos

No se trata de empoderarse y “tomar el toro por los cuernos”. Es simplemente vivir sin que ese sentimiento pese en nuestros corazones. Vivir sin hacernos daño con la idea de lo que pudo ser, sin necesidad de herir con indirectas o buscar un culpable. Justo ahora, realmente entiendo el sentido de las letras “poder decir adios, es crecer”.

Demasiadas veces me hablaron sobre soltar, dejar ir y olvidar. Pero me doy cuenta de que no era necesario escucharlo, total, es algo que podemos deducir por simple lógica. Entenderlo, ya eso es otra cosa.

¿Y qué hace falta para entenderlo? Tiempo, nada más ni nada menos. “El tiempo no cura nada, el tiempo no es un doctor”. Diría Enrique Bunbury, y estoy totalmente de acuerdo. No puedo decir que he sanado, pero si puedo decir que he avanzado bastante y aprendido demasiado, aunque no lo suficiente. No por mí mismo ni por ningún factor externo, sino por el tiempo.

Tiempo para que fuera doliendo menos, tiempo para que otras cosas ocuparan los momentos tirados en la cama dándole vueltas al asunto. Tiempo a solas para pelearme conmigo todo lo necesario, para culparme, para llorar y eventualmente comenzar a acostumbrarme a mí mismo hasta el punto de volver a caerme bien. De darme cuenta de que no soy tan malo como suelo pensar y que simplemente soy humano, con vicios y virtudes como dirán los del verso…

Luego de tres días sin bañarme, viajando por aquí y por allá, ocupándome con esto y con lo otro. Me metí en la ducha y quedé pasmado con la vista que descubrí desde la diminuta ventana. No es que viva en un lugar hermoso, ni que haya algo de especial con el barrio en el que vivo. Es que simplemente pude observar a mi alrededor y darme cuenta de que la vida sigue.

Si, se que suena pendejo, pero la vida sigue. A pesar de lo que pasó, el árbol del patio trasero siguió creciendo, las aves siguieron haciendo nidos y las hojas cayeron para volver a salir sabe Dios cuantas veces en lo que estuve ausente, enfocado en el pasado y en como pudo haber afectado mi futuro.

Pero como dirían los Sex Pistols “No hay futuro”. Enserio, sin la más mínima intención pesimista que se pueda asumir. No hay futuro, y es una maravilla cuando te das cuenta. El futuro concreto es imposible, por lo menos en nuestra visión limitada en cuanto al concepto del tiempo. El futuro no es más que el presente de nosotros dentro de un determinado tiempo, un presente formado por nuestras acciones inmediatas en ese entonces, no en este entonces.

Es por eso que simplemente dejé de pensar en eso, no en soñar ni en visualizar ciertos lugares a donde espero llegar. Simplemente dejé de pensar en el futuro como algo que ya esté determinado o como algo en lo que pueda influir con total control. Como si tuviera entre mis manos el mando del tiempo.

Simplemente no lo tengo, y justo ahora, no me importa.

No puedo decir que haya sanado. Pero puedo decir que estoy más a gusto conmigo mismo, que lo que pasó quizás fue mi culpa, quizás no. Pero en este mismo instante ya no importa. Sea quien sea que lo haya causado, sea lo que sea que pudo haber sido. No lo es, así que nunca lo fue… y sobre todo ya no importa.

Hay demasiado por ver, sin tener que irme lejos. Demasiado que disfrutar, justo a mi alrededor y demasiados con quienes compartir, justo cuando nos crucemos. He decidido vivir y he decidido soltar para llegar mucho más lejos.

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